De varia luz sobre las cosas (fragmentos)

Julio 6, 2008

 

Inicio de lucidez, despertar siendo río a media mañana. Paso breve por la tierra, sutil tocadura de guijarros la orilla o latido de cristales que se da. Una estatura me está pronunciando. Hueste del frío, en tu oreja se desanuda un pájaro extranjero.

 

*

 

a E.

 

Grito de santa, vuelca la copa en donde va pisando la estación,

y contrahecho,

contrabajo y a veces viento desentumecido por los labios que desanudan el saxofón en su hoguera, ritmo el beso en igual compostura. No da parámetro esta urgencia si a lo que viene es a infundir vida como dios: soplando vida. Cetrino el girasol abierto de los ojos cuando el beso, beso de bestia cuando mujer es el instrumento.

 

*

 

¿Qué te contengo donde nada me naces?, ¿sigilo me anudas? ¿Piedra en desgarramiento de soles, impertinente de flamas por estar?

Como origen, me nutres.

 

*

 

Lo más sereno, manchón inconfundible de realidad con trigo. Intuición de manos lo que permea, humanizada mano, el instante cuando el seno.

 

*

 

Tibieza, canción de humo en gasa del lugar. Algodones desgarrados del amor, ira suman. Ira cuando el olfato es un cuerpo sin herramientas, estimación que se define. Pertinente, abandona toda esperanza.

 

*

 

Enclave de sombras

ojo y ojo abiertos en la ternura.

Aleteo hay: costumbre deleznable reconocer lo que vuela ojo adentro, como si lo hiciera más de ti y una jaula de luz se precisara sobre los objetos; te dan espalda por monte de bruma y todo lo que hay visible es mujer estableciendo hogueras sobre el cuerpo de la tormenta para hacerse clara como la noche.

Aletheia, trizadura de relámpago.

 

*

 

De espuma coloquial corre. El pequeño francotirador arroja piedras sobre el río derramado (grandes, la mayoría) y esquirlas de mirada en franca provocación a la flota de cartaginenses.

 

*

 

Tregua de vidrios*, la lluvia expande su tambor sobre la noche. Hora de perros para la hora, muestra signos de rompimiento el jarrón: rayo que anuncia el inminente derrumbe de la noche sobre el agua.

Turbulencia de zinc bajo el techo donde  toca  a su mujer: vahido anuncia que se quiebra como aguas a punto del amor.

 

*Matsuo Bashoo

 

*

 

Remontarse a la sombra de un griego que me dice: troyano. Ciego e inexacto, arma tumores de vendaval sobre las broncas naves de los aqueos. Aires marinos enlaza en navegantes, blondas grebas: apeada lanza y ojo flamígero, no mire el Khan de manera ofensiva sobre el Pélida, a cuyo paso tiembla el dios.

No canta el ciego la honda palidez de los rostros en el día del derrumbe.

Ilión ahí,

nosotros bajo la armadura del error, temblando.

 

*

 

Río de pie en el fondo del poema, se sostiene y río evitando márgenes, generalmente río. Reliquia o cabalgadura, un coro de vidrios persiguiendo su sombra. No renuncia, rompe la vasija de la edad donde riega un sol de filos pardos su lengua de luz que le subyace oros; te lo contaron, funda la amistad del ritmo.

 

*

 

Aliento del día, gris, convengamos en gris, a esta hora de nieblas por lo menos, luz de abrir los ojos bajo el agua cuando el cloro se precipita en el ardor; luz, convengamos, de seis a.m. hora de aquí, anclando la mordedura de su alcance sobre ciudad que se estira como hembra violentada.

 

*

 

a K.

 

Antes miró tiempos para su corona. Pintó la corredera del amor entre disciplinas: se halló hermosa. Se miró nuevamente bajo el sol irrecordable en Cuernavaca de sus años, bajo el cuchillo de la tarde que hizo arder los parlamentos de su fantasma.

La fusilada que ardió por lengua para no renegar.

Culpable, se va sabiendo. Se trata de mujer. Por despojo mortal una hermosa con sus identificaciones, toda ella cadáver hasta la médula muerta del corazón que no acaba de desaprender su ritmo.


Del impaciente

Mayo 3, 2008

Sin mayor fe en los milagros,

espero trenes

que habrían de llegar el año

de mi muerte.

Apresuro a la creación

chasqueando dedos, carraspeando

para que se irrite. Violento

en la espera, desespero

y despotrico contra la mirada

de llegar siempre tarde y cansada

al objeto; contra los espejos

que se retrasan inadmisiblemente;

contra mi edad; contra mi cabello que surge

desde los segundos (interminable

la palabra interminable) burocráticamente,

con el signo de la paciencia

para reírse o al carajo.

Leer novelas

por finales, Apocalipsis

primero que Génesis,

insurrección por resurrección,

nacimiento

si no pensaba morir en el día.


Responso del desierto

Abril 15, 2008

a Edmond Jabès, in memoriam

1.

Memoria es el lugar del alma para nuestros muertos.
Cementerio volador circundado de carencia,
de lo visible a lo invisible,
al otro lado de lo que se mira
(máscara, aún, de lo transparente),
cargando con los huesos más queridos.

Incluso de ti hermosa, de la efigie de tus huesos,
de la luz sobre tu polvo,
llevo ya poblado el orbe de lo que miro.

2.

Cercenado confín de lo visible,
llevamos ya la apertura de nuestro costado inolvidable,
nuestro hueso de morir nos lo recuerda,
nuestra lápida en los ojos consigna el tiempo,
igualmente algunos nombres.
Olvido es la llave que perdemos al escribir;
no olvidar, para eso se escribe, con poca luz
y voz menguada, para ir
de la carencia a lo visible. Para no olvidar tu rostro.

3.

Todo lo que vemos está preñado de muerte.
La sola sílaba de la luz ahora,
que recoge lo añejo del polvo,
el tamiz, incluso, del viento,
la presencia de la fauna del letargo,
dicen la palabra muerte.

Nacer en la muerte es volver a la transparencia;
volvernos despojos e irnos de lo mirado.

4.

Hay agua para estarnos visibles,
y hay agua para estarnos muriendo.
Agua que nos devuelve del olvido,
la que pesa debajo de las fuentes donde te bañabas
hace mil cuatrocientos cincuenta y tres años, por más señas,
esa que desemboca donde el barquero abre la boca;
agua de olvidar, de volver al olvido,
devolver la memoria a su carencia
(los ojos de los muertos son un jardín
donde cabe el mar),
a su desconfianza de la luz,
al empleo obstinado que hacemos de lo visible
para entender en su tangencia
lo que simplemente

5.

No estamos.
Pero siempre vivimos adentro, en el afuera
de estas cosas:
toda la vida, toda la esperanza de la vida
se recluye en la mirada
y en su acontecimiento.
Caballo muerto en la carretera de la muerte,
desierto, pestilencia,
desierto:
el olvido es el dónde del desierto,
sólo allí cabe su extensión ––ballena––,
para la memoria del ojo,
incluso donde las arenas encauzan su vocación
de ceniza,
de río sordo ––paciencia de estrella––,
cabe todo el hueco de lo invisible
para confesar un poco tu rostro.
Allí donde volveremos a vernos
caben nuestros ojos
y lo que hemos visto de inolvidable.

6.

Pendiente queda el sueño,
de la cuerda que nos interroga desde el cadalso.
Pendiente la axiología, demiúrgico empeño
de esta especie que poblaría galaxias con su vanidad.
Pendiente el misterio,
porque no nos es dado conocer su territorio.
Pero con lo que hay de tuyo sobra y basta.