Mano de dos palmas, final

Septiembre 2, 2008

39. Harto de wordpress y del halo deprimente de la palabra “Saldos” (máscara bizca, con un ojo en el pasado y el otro también) regresaré a blogspot, si puedo recuperar mi vieja cuenta. Ya les postearé por aquí a mis tres lectores la nueva dirección.

23. Día enormemente feliz: en la biblioteca de la facultad descubrí los 30 volúmenes de los “Cahiers” de Paul Valéry. Y de nuevo la tristeza; terrible cambio de luz al fondo del telón, tal cuál me pasa en las bibliotecas hermosas: la certeza de no vivir lo suficiente para leer lo suficiente. Poco importa. Tomé el tomo 12, relativo a los años 1921-22, esperando encontrar alguna referencia al Cementerio Marino. Seguro ahí estaba, pero la bella edición facsimilar de mil páginas por tomo, más la bella pero indescifrable caligrafía de Valéry, más mi mediocre conocimiento del francés convirtieron una mañana de lectura ena mañana de contemplación.

23a. Aquí y allá una palabra: “rien”, “liberté”, “oublié”, “logique”, “motif”. En general, gráficas, matrices, ecuaciones. ¡Cómo perdía el tiempo este monsieur Teste con las malditas matemáticas de mierda!

49. Desconfío por sistema de dos cosas: de los escritores españoles y de los escritores españoles que viven de sus libros. Pero leyendo la Replicante No. 16, me encuentro con un texto (¿crónica?, ¿chisme?) firmado por Karla Olvera, concerniente a una serie de serendipias entre su persona y las de Enrique Vila-Matas, hoy lo sé, genial escritor, y la artista Sophie Calle.

49a. Serendipia es un decir: Olvera le escribió a Vila-Matas y él le respondió. Una serie de eventos en la vida personal y profesional de la autora la llevan a toparse con el nombre de Vila-Matas, textos suyos, entrevistas por televisión, virtualmente a donde voltea (no es inverosímil siendo uno de los escritores más famosos, pero no sé si leídos, de los últimos años). Lo que parece decir Olvera es que lo asombroso debe forzarse cada tanto: no otra cosa es el arte.

49b. Leí hoy “Bartleby y compañía” (Anagrama, 2000) de Vila-Matas. Un texto (¿novela?, ¿bestiario?) de célebres y desconocidos bartlebys quienes por las más diversas razones deciden abrazar el acto negativo, como dice el autor, la escritura del No. Un escritor del No debe hacer básicamente una cosa: no escribir. De ahí su genealogía con el personaje de Melville, que lacónicamente, al presentársele una cuestión, responde con el paradigma del nihilismo: “preferiría no hacerlo”. El personaje de la novela, bartleby por derecho propio, elabora un catálogo de bartlebys con lo que pretende salir de un silencio escritural de 23 años. A ratos me pareció un chismógrafo* snob (creo que ese aire de dignidad que tienen los escritores, los novelistas sobre todo, es lo que me parece insoportable, en especial de los españoles), pero con buenas intenciones sin duda. Me quedó la impresión de que el narrador era innecesario: ¿por qué no hablar desde un Narrador Vila-Matas, como desde un Narrador-Borges y no pedirle tanto a la ficción? Hay novelas que me son insoportables por mi grado de incredulidad. Pero este ejercicio es genial. Tengo para mí que si la obra a escribir no es mejor, o por lo menos, no está a la altura de lo que se ha escrito antes, de lo que uno mismo tiene por mejor dentro de lo que ha leído, mejor no debiera escribirse nada. Pretextos sobran para evitar el sufrimiento. Yo también preferiría no hacerlo (y acaso sería lo mejor que podría hacer, dejar de escribir), pero no, nunca tuve tantos huevos, tanta voluntad para volcarme en algo completamente. Menos en abstenerme de algo. Digamos que soy un mediocre comprometido. Eso.

30. Sí, deinitivamente odio este blog. No el blog en sí, el wordpress, las barras grises y frías, el volumen falso. En blogspot por lo menos sabes que el fondo es plano, que no hay nada. No intenta engañarte como este pinche formato, como una mala ficción. No me pidan que les crea, por favor, no puedo creerles. I want to believe, pero no, estoy desencantado realmente.

39. ¿Soy yo o últimamente escribo con un exceso de adverbios y, en general, de manera completamente prescindible?

0. Harto de rumiar sobre los saldos del año pasado, el peor de mi vida, si se me permite, doy por oficialmente terminada mi etapa wordpress. Espero ser más constante y escribir como me gusta: con la intensidad del que escribe una lista del super, adrenalizado, como si escribiera su nota suicida. ¿Cómo saber que cada palabra no es la última, en todo caso? ¿Y malgastar la última palabra escribiendo ficción? Vale, la vida está sobrevalorada como tantas otras cosas: como el amor, como la poesía, como el sexo. Pero si uno está condenado a ser un fracaso, acordemos como fracasados de la sociedad del espectáculo fracasar espectacularmente. ¿Ficción? ¿Y qué las palabras existen, o ficción comparado con qué? Hablar es ficcionar. El principio de realidad es una abstracción, vacía como un número; un signo puesto en lugar de algo que no está. El mundo no existe, lo escribimos. ¿Y encima vamos a ficcionar? Al carajo. La palabra es metáfora ya de suyo, apunta hacia algo que no se parece en nada a su cualidad matérica, a una idea de la cosa, se transparenta; y a a vez llama la atención sobre sí misma: cada palabra como un ave terrible, en celo.

0a. Escribir como volar con un periódico: es imposible, pero te encantaría ver a alguien rompiéndose la cara al intentarlo.

0b. Si la vida es un error, he tenido desde un principio las cuatro patas hasta el fondo de la mierda. Y he sido profundamente feliz. He aceptado lo irreparable, ¿no es esta una forma de suicidio del mundo, de cabal ausencia?

0c. No tengo ideales, no tengo propósitos. Si puedo hacer un verso perfecto antes de morir, habrá valido la pena. Si no, igual da. Puedo escribir excelentemente, pero he preferido no hacerlo, así que no cabe culpar a nadie. O al mal lector que hay en mí, que no sabe apreciar mi evidente genialidad.

0d. De un tiempo para acá, no sé que tengo, que escribo puras obras maestras. Me cae. 

0e. Estoy harto de escribir, pero, ustedes disculpen, si no escribo, me muero. Empezaría con pequeños actos de terrorismo locales, luego terminaría abriendo una franquicia de Mc’Donalds, o qué sé yo, dios me libre, haciendo happenings.

0f. El único ejercicio necesario es leer y una forma absoluta de leer es escribir. Leo, luego soy.

0g. Casi no veo noticieros; personalmente me importa un carajo la guerra de Georgia y los encarcelados de Atenco. Nunca pienso en los niños muriendo de hambre en África. No me provocan compasión los osos polares ahogados. Todo se está yendo a la mierda, ¿y qué? Todo debía irse a la mierda algún día, ¿qué esperaban de animales a los que la evolución dotó del habla?

0h. La palabra es en escencia combativa: su expresión implica una violencia irreparable contra el silencio. Nuestra soberbia llega al grado de considerar al silencio como una ausencia. Vaya especie jodida.

0i. Para mi tengo que cuando termine la carrera, si puedo dar literatura en un colegio de señoritas, habré cumplido mis ambiciones en el mundo.

0j. No tendré nada por qué vivir cuando agote los 30 volúmenes de los ”Cahiers” de Valéry. Si logro leerlos, seré tan viejo que no tendré fuerza suficiente para suicidarme. Así que, ustedes disculpen, tengo que leer con rapidez.

0k. Quiero agregar que no publico porque no hay alguien tan enfermo como para leerme sin hacer una mueca de extrañeza, acaso de ternura. Y encima porque lo que vende, son putas novelas.

0l. Ya sé que hay números que se repiten. Demándenme.

0m. Soy uno de los mejores poetas de una generación donde el parámetro a vencer es la mediocridad. (Cfr. 0)

0n. Soy un plagiador; pero el plagio “es el arte de escoger. Es un gran arte” (Valéry).

0o. Soy esquizofrénico, pero inofensivo.

0p. Soy Javier Raya, mentiroso.

0q. Soy feliz, no tengo familia.

0r. Soy un hijo de puta y escribo como no te atreves.

0s. Soy un poeta.

0t. Soy un genio.

0u. Soy siniestro.

0v. Soy anodino.

0w. Soy el amor de tu vida.

0x. Soy lo peor que te pudo haber pasado.

0y. Si leíste hasta aquí, no puedes ser mejor que yo.

1. Soy nadie.

 

 

 

 

 

*Chismógrafo (esp. sust. reg. mex.): Divertimento escolar donde se ventilan intimidades supuestamente escandalosas entre los miembros de un grupo a través de un cuaderno donde se comparte el anonimato. Minificción. Curso hiper breve de escritura creativa.


Rubik, o la relación del diseño industrial húngaro y el zen

Junio 6, 2008

Recientemente me uní a la horda de millones de personas que año con año se meten en esta camisa de once varas del cubo Rubik. Al verme, mi querida tía Lola me pregunta: “¿por lo menos te darán un premio cuando lo resuelvas?” El siguiente post viene a ser una breve respuesta.

La utilidad de lo inútil

No atino a decir si Lao-tsé, Li Po o qué poeta chino afirmó, hará miles de años o más, la importancia suprema del universo de lo impráctico. La poesía japonesa da clara cuenta de la apreciación plena del instante por su rastro más tenue y casi imperceptible. Rimbaud: “fijo vértigos.” No otra cosa se propone el arte, ese caldo de cultivo de lo impráctico; entendamos impráctico como aquello que no asegura ni contribuye al fin natural de la especie humana: su preservación. Bien.

Decir que la resolución del mentado cubo Rubik es un arte equiparable a la danza, a la música, sería un desatino y una exageración; una pendejada, vamos. Pero ciertamente, para nosotros, humanos con C.I. modesto, sin extremas habilidades para resolver matrices de Leontief o ninguna otra matriz, no sea de los hermanos Wachowski, supone un reto importante. Así, en manada, no es tan interesante: ese nosotros aparente, sujeto colectivo indeterminado de resolvedores de Rubik’s (100 millones y contando…) se matiza en la experiencia. Mi experiencia es esta: Rubik es el infierno.

Lo bueno de pasar una temporada en el infierno es que, por lo menos, hay tiempo para meditar. Meditar por ejemplo que acaso sea más sencillo resolver el mentado cubo que escribir un soneto perfecto, con sus acentos muy bien puestos y sus rimas cuadraditas y bellas. Más fácil resolver el cubo que dejar un verso decente en el mundo. Además por los versos hay quien de repente paga, un tipo que compra tu plaqueta o libro, o el Estado que fomenta a través tuyo el desarrollo de la cultura y te patrocina (bueno, a mi no, pero dicen…); un Rubik resuelto vale menos que uno sin resolver: ya no tiene misterio.

Es la lección del arquero que, queriendo derribar la luna con sus flechas, se vuelve el mejor arquero del mundo. O algo así. Ustedes disculpen, que ando zen estos días. En fin, uno conoce sus límites en formas sencillas como esta. Así, el infierno del Rubik sería un espejo: no eres tú contra el cubo, sino tú contra tu frustración por no poder resolverlo. Para alguien con tan poca tolerancia a la frustración como yo, es, no digamos terapia, pero sí la constatación cotidiana de la propia nimiedad. No es el Ulises de Joyce, pero vamos, divierte. Da hasta para un pequeño post.

Se me ocurrió contestarle a mi tía con esto que parece un pequeño koan: si no puedo resolverlo, sabré que no puedo resolverlo.

Y tengo para mi que es suficiente.

Rubik 2/3 – Raya 1/3

 

Foto: http://www.tommcmahon.net/2008/04/most-efficient.html


De por qué este blog no debería llamarse “Saldos e imprecaciones”

Mayo 12, 2008

1. En general intento que las entradas de mi blog tengan algún interés. ¿Cuál?: alguno. Si no lo he logrado es porque soy un imbécil, no hay otra explicación. Pero sobre esta entrada específicamente, prevengo a mis tres lectores de que es una de las pocas, espero poquísimas, donde toco temas que acaso tangencialmente tienen que ver con la poesía, el arte, o esas cosas harto interesantes de la vida; aunque su trasfondo último este permeado por éstas. Tímido como soy, escribo este 1. a manera de prevenir acerca de los fantasmas de la autoexposición: esta entrada es una clarificación de intenciones con valor, si tal, para mi mismo y no una propuesta o programa sobre ningún blog o en general sobre la “experiencia blogger”. Lo que viene trata sobre una exégesis medio pendeja sobre el nombre de mi blog; y también es una sustitución de un correo masivo sobre mis paraderos por aquello de que perdí varias direcciones de e-mail; con un fin de economía en todo caso: no repetir la misma historia muchas veces. Así que mis pocos, aún, amigos, podrán darse por enterados del por qué no contesto el teléfono hace rato y seguro no he respondido mails tampoco.

Si pongo aquí estas cosas, es para pensar en voz alta alrededor de mi (esa sobrevalorada) experiencia personal con relación a esta forma de discurso efímero, medio anónimo y a fin de cuentas subjetivo como muchos, el blog, que elegí tal vez para compartir algo, tal vez como recurso de autopromoción, tal vez para reafirmar una forma de necedad, tal vez para perseverar en un viejo concepto de hospitalidad entendido como la mayor fraternidad entre desconocidos casuales sobre un mendrugo de pan, o sobre una idea común, que en este contexto nuestro de competencia y canibalismo intelectual queda casi obsoleto (qué oración más larga y cacofónica, joder). En este sentido, intento que mis entradas sean “hospitalarias”. Bueno:  específicamente esta no lo es ni pretende serlo. Si quieres hay algunos links a la izquierda con contenido mucho más interesante. Si te he persuadido para que emigres, 1. ha cumplido su misión. Si no, qué remedio, el espíritu democrático de internet no te salvará de algún aburrimiento en los siguientes puntos. 

2. Me disculpo primero con mis tres únicos pero fervientes lectores por la ausencia de estos días. Ahora no estoy más en Querétaro y soy un anónimo con plenos derechos de ciudadanía en mi lugar de nacimiento, la oximorónica (perdónese el barbarismo del adjetivo, pero aquí sólo se entienden las cosas por sus evidencias más contradictorias, así se trate de sutilezas) Cd. de México, donde espero fervientemente, con ojitos de Rémy en el paroxismo de la esperanza, sacar muy muy buenas calificaciones en la FFyL de la UNAM, que dice que no hay bronca en tenerme por ahí los próximos años. Será que hubo un error, pero para el caso ahora se friegan.

2b. Para reiniciar contacto con los desaparecidos, ahí está mi mail: raya.ja@gmail.com; eso por lo pronto, porque toda localización geográfica está en veremos, igual con el fon, pero dense por enterados de que ando por acá en la capital.

3. Sobre el nombre de este blog: Saldos.

Vaya. Qué genio el mío, me cae. ¿Por qué no escogí un nombre cool, acá, más posmo y radical, como “Chicles de guanábana”, “Lo que no dijo Lynch”, “No soy nadie”, no sé, algo que le quitara ese pretendido aire de reflexión sesuda, esa severidad que no sé barrerme de encima.

Me agarré del nombrecito a partir de una serie de relaciones y asuntos que marcaron el final de una etapa vital desde mediados del 2007 y que continúan arrojando lo que parecen ser números rojos de pérdidas y desbalances (parece que el universo contextual de la palabra Saldos se termina en la metáfora financiera por donde se le vea, o será que no tengo imaginación para iluminar relaciones más interesantes.) En ese sentido, “Saldos e imprecaciones” remite a una fórmula anodina de grito de guerra: ¿contra qué? Parece ser lo de menos. Tiene además un caracter de exclusión –infiero aquí la antípoda de mi blog anterior, “La casa invisible”, que salió del aire virtual por motivos que no son de competencia más que del pasado–, como si hubiera que atenerse a mis desplantes o algo así. Eso nunca me ha gustado del nombre.

Como se sabe, un saldo es lo que queda en algún tipo de proceso o depuración; propone una lectura financiera, estadística se diría, sobre la cosa. Remite al momento último de una serie de eventos/intercambios comerciales/ideas en donde se presume es posible obtener una experiencia final del conjunto o un balance entre lo invertido y lo recibido. Como modelo de tiempo implicaría una vista retrospectiva, una especie de actualización de la experiencia (esta definición me seduce, pero ¿no es más atractivo el presente en el momento de la reconstrucción de la experiencia, el momentum de la escritura del que habla Kerouac?) También es lo que queda de entre un conjunto de cosas que se han quedado fuera de categorización, o como sobras de alguna operación: piénsese en las maravillosas ventas de saldos en las librerías, que rebajan títulos apenas a un porcentaje mínimo de su primer valor comercial; o lo sobrante en esas otras ventas de “fin de temporada” (dice Baudrillard, no hay primavera en oposición a invierno, el hombre establece la diferencia para hacer como que entiende algo que no habría por qué entender: esto es: agredir. La eficacia de la moda como institución social radica en su capacidad para generar un correlato de duración de la vida aboliendo el mero transcurrir mediante la sobresignificación de una periodicidad tan arbitraria como las estaciones, en estos días del calentamiento global, donde, ay, ni de eso podemos fiarnos… Fenómeno visible en los grandes almacenes comerciales: ceremonia orgiástica donde lo que no fue consumido debe ser sacrificado mediante la estrategia del remate, la desvalorización relativa del objeto de consumo con respecto a sus proyecciones iniciales, fallidas si ha de recurrirse a tal operación.) Cualquiera de estas definiciones parciales, en todo caso, va contra ese como peregrinaje de la crítica de arte (que es más o menos una de las improntas de este blog) a partir del modernismo y de las vanguardias históricas (no así, en conjunto, pero algo hay) de atravesar la obra a partir de los medios mismos sobre los que se asienta su elaboración, a saber, las pistas, manchones de sangre o pintura o tinta como evidencia perenne de su tránsito: dialéctica de la ocultación-exposición de la entraña, proceso y no resultado, “[creación de] un pensamiento nuevo para ese objeto” (Duchamp sobre el ready-made “La fuente”, Galería de Filadelfia); aceptación de la cuota de misterio del mundo como disparador de conciencia; humilde acuse  de ignorancia: ¿cómo, entonces, carajos arrojar un saldo último sobre cualquier cosa, más sobre una obra de arte, ya desde la crítica, ya desde la creación, finalizarla, decir que se ha finalizado?, ¿cómo asentar la terminación de un proceso vital? ¿Qué todo estadio de escritura no es, como dice Valéry, el abandono en un periodo arbitrario de un quehacer idealmente infinito? ¿Qué autoridad se precisaría para determinar el “saldo” final de una cosa? Obtener un saldo es siempre accionar una guillotina.

4. Todos los indicios apuntan a una reformulación, a una reinvención de las intenciones de este ¿espacio, formato, capricho?, que grita por un nombre diferente. Por un renacimiento, con todo e implicación cursi del término.

5. Pero vamos a ver. Los blogs, como toqué aquí, son una forma ingenua de pensar que el otro nos escucha entre el gentío; una forma de ingenuidad y gratuidad que nada compensa, al igual que nada compensa las intenciones extrañas de seguir haciendo arte o seguir perpetuando la sobrevivencia del hombre como especie. Estas instituciones (arte, hombre) se sustentan en ideales cuya vigencia es de lo más divertido poner en duda, pero que al final no dejan nada: no arrojan saldos, es decir, certezas. Se parte para vivir de un principio de incertidumbre (como en la física atómica sobre el comportamiento de las partículas), de una insufrible condición de orfandad vital. ¿Pero habría que pedir una validacion o aprobación sobre cualquier cosa? ¿A quién? El principio de inercia natural (eso que se conoce como instinto) rige soberanamente sobre cualquier empeño, desarticulando toda probabilidad de sentido a nivel intelectual, racional: no hay por qué para la cosa. A fin de cuentas todo esto se va a ir al carajo. El sol se lo va a tragar todo uno de estos días y no lo veremos porque moriremos como está previsto desde siempre en nuestra condición finita, en nuestra porción mortal, y lo que hagamos es intrascendente como sea. Las pirámides de Gizeh son intrasendentes. Los poemas homéricos, intrascendentes. Los sacrificios, las metafísicas, las depuraciones raciales, el amor, todo intrascendente. Lo dicen mejor Schopenhauer o Rimbaud, pero ambos, según sus leyendas, se desdicen al final, en el momento supremo, embargados tal vez por una suerte de esperanza fatal, trágica, de que el final no tiene final, esperando la segunda parte de su íntimo relato (no sé si pasara lo mismo con Sartre, pero sería maravilloso.)

6. “Saldo” sería entonces, certeza.

Buscar certezas es un afán antes que científico por lo riguroso, humano, en lo más general e inclusivo de la palabra. El sentido de lo religioso, según la Zambrano, está en establecer los términos de una relación entre lo divino inefable y lo humano. El afán científico parte de la conquista pragmática del hombre sobre lo que lo rodea. El primero afirma la posibilidad de unión con lo divino mediante el método de la fe, esa antítesis del conocimiento, esa como grata negación epistemológica. El segundo afirma que conocer el mundo es posible, y más: necesario; lo que no puede plantearse a través del método de verificación experimental, no existe: en estos términos, la física moderna no ha logrado resolver no ya el problema de dios, sino ese otro tan pedestre y tan enigmático de la turbulencia: abran la llave del lavabo y ese movimiento que ven sobre la pileta es inexpresable, en estos momentos, matemáticamente. Paradójicamente, lo religioso arroja saldos en forma de dogmas (es decir, certezas hermenéuticas, por ejemplo, sobre las escrituras sagradas –pienso en el cristianismo básicamente, o, al introducir nuevas potencialidades interpretativas desplaza (fractal) el saldo hacia una especificidad diferente –piénsese en las variaciones sobre el tema crístico a partir de la Reforma luterana que resultan en la profusión de credos surgidos del cristianismo para hacerle a un grupo su cristianismo à portér: mormones, protestantes, anglicanos, luteranos, anabaptistas, testigos de Jehová, etc.; y lo científico no llega a lo cierto jamás: los modelos atómicos que enseñan en la escuela, me decía hace poco un químico, son abstracciones absurdas, bidimensionales, de algo cuya forma apenas se infiere mediante harto complicados cálculos de computadora: algunos elementos de la tabla periódica han tenido (puesto que han sido obtenidos sintéticamente, en laboratorio) una existencia apenas de unos segundos por su inestabilidad molecular: una forma de materia que tiene la duración de la belleza cuando ocurre, cuerpos ínfimos que duran lo que la extrañeza terrible de la revelación poética, y que como el poema dejan solamente su traza de signos para seguirles el rastro, para reelaborar el camino que llevó al momento de la contemplación.

Los extremos se besan (Paz).

7. No creo más en las certezas. Estoy seguro de ello.

8. Dice Jodorowsky: definir es limitar. Si este blog fuera un poema preferiría que no llevara título alguno para no tener que adscribirme a una categorización de lo fugaz, de lo azaroso. Pero al escribir lo anterior me doy cuenta que no hablo ya de este blog. Lo que está en juego es una pretensión escritural. Rigurosamente, la escritura sólo es posible en la práctica: se escribe al escribirla (si suena a obviedad, ahí está El Grafógrafo (Joaquín Mortiz, 1972) de Salvador Elizondo), se da con el poema una vez escrito. Aunque haya quien dice que todos los poemas ya se escribieron hace 6000 años y nos queda sólo decir lo mismo ad nauseam, de la mejor manera posible. O como dios nos dé a entender, para el caso. Hasta el infierno se hizo con las mejores intenciones. Así este blog en busca del verdadero nombre que lo diga. Y si no es mucho pedir, que diga tangencialmente pero rigurosamente, a su autor.


La fiesta

Abril 21, 2008

Las fiestas son todavía islas de esperanza para la especie. Ahí está lo humano, no se le busque más. Después de los siete cartones de frías para el Pinche Nico, la gente que veías de repente se vuelve tu amigo, tu hermano desconocido (a huevo había que sacar a relucir el alcoholismo que nos da renombre internacional, pero bueno). A mi parecer no hay hipocresía en que pase esto. El alcohol lo vuelve a uno más sociable, o como quería Groucho Marx, hace a los demás interesantes… Como sea, para mi con tanta ínfula de escritor frustrado, los cuates son zapatos de cemento para la reconciliación con el mundo, la amistad como método para reconocerse en el reflejo del otro (¿Lacan?). Pero uno quiere hacer una breve nota sobre la amistad y acaba echando verborrea sobre el manido asunto de la otredad. Chale.

Si el infierno son los otros como quiere Sartre, también los otros te salvan de la chaqueta mental (de la angustia, vamos), te vuelven al aprecio y uno comparte, termina compartiendo lo que sea, las bachitas, la última chela caliente… a fin de cuentas de eso se trata. La cuestión generacional ya es otra muy cosa; agradezco que la mayoría de mis amigos se estén quedando calvos (evidencia de alguna sabiduría, alguna) y que las amigas resbalen hermosamente hacia el misterio de los veintimás sin fruición. Ya me puse meloso otra vez. Chale.


A la muerte de una ratona

Abril 15, 2008

Mi ratona Parménides acaba de morir. Nunca se había muerto una mascota mía, siempre se “perdían misteriosamente”, esas cosas que les dicen los adultos a los niños para que eviten hacer preguntas sobre la muerte. Dice Montaigne que no hay hombre tan viejo que no crea tener otros 20 años en el cuerpo. Parménides superó el promedio de vida de ratones árabes, pero de todas formas le llegó la hora suprema, y la extrañaré. Espero que haya sido feliz. Sniff.