Mano de dos palmas, final

Septiembre 2, 2008

39. Harto de wordpress y del halo deprimente de la palabra “Saldos” (máscara bizca, con un ojo en el pasado y el otro también) regresaré a blogspot, si puedo recuperar mi vieja cuenta. Ya les postearé por aquí a mis tres lectores la nueva dirección.

23. Día enormemente feliz: en la biblioteca de la facultad descubrí los 30 volúmenes de los “Cahiers” de Paul Valéry. Y de nuevo la tristeza; terrible cambio de luz al fondo del telón, tal cuál me pasa en las bibliotecas hermosas: la certeza de no vivir lo suficiente para leer lo suficiente. Poco importa. Tomé el tomo 12, relativo a los años 1921-22, esperando encontrar alguna referencia al Cementerio Marino. Seguro ahí estaba, pero la bella edición facsimilar de mil páginas por tomo, más la bella pero indescifrable caligrafía de Valéry, más mi mediocre conocimiento del francés convirtieron una mañana de lectura ena mañana de contemplación.

23a. Aquí y allá una palabra: “rien”, “liberté”, “oublié”, “logique”, “motif”. En general, gráficas, matrices, ecuaciones. ¡Cómo perdía el tiempo este monsieur Teste con las malditas matemáticas de mierda!

49. Desconfío por sistema de dos cosas: de los escritores españoles y de los escritores españoles que viven de sus libros. Pero leyendo la Replicante No. 16, me encuentro con un texto (¿crónica?, ¿chisme?) firmado por Karla Olvera, concerniente a una serie de serendipias entre su persona y las de Enrique Vila-Matas, hoy lo sé, genial escritor, y la artista Sophie Calle.

49a. Serendipia es un decir: Olvera le escribió a Vila-Matas y él le respondió. Una serie de eventos en la vida personal y profesional de la autora la llevan a toparse con el nombre de Vila-Matas, textos suyos, entrevistas por televisión, virtualmente a donde voltea (no es inverosímil siendo uno de los escritores más famosos, pero no sé si leídos, de los últimos años). Lo que parece decir Olvera es que lo asombroso debe forzarse cada tanto: no otra cosa es el arte.

49b. Leí hoy “Bartleby y compañía” (Anagrama, 2000) de Vila-Matas. Un texto (¿novela?, ¿bestiario?) de célebres y desconocidos bartlebys quienes por las más diversas razones deciden abrazar el acto negativo, como dice el autor, la escritura del No. Un escritor del No debe hacer básicamente una cosa: no escribir. De ahí su genealogía con el personaje de Melville, que lacónicamente, al presentársele una cuestión, responde con el paradigma del nihilismo: “preferiría no hacerlo”. El personaje de la novela, bartleby por derecho propio, elabora un catálogo de bartlebys con lo que pretende salir de un silencio escritural de 23 años. A ratos me pareció un chismógrafo* snob (creo que ese aire de dignidad que tienen los escritores, los novelistas sobre todo, es lo que me parece insoportable, en especial de los españoles), pero con buenas intenciones sin duda. Me quedó la impresión de que el narrador era innecesario: ¿por qué no hablar desde un Narrador Vila-Matas, como desde un Narrador-Borges y no pedirle tanto a la ficción? Hay novelas que me son insoportables por mi grado de incredulidad. Pero este ejercicio es genial. Tengo para mí que si la obra a escribir no es mejor, o por lo menos, no está a la altura de lo que se ha escrito antes, de lo que uno mismo tiene por mejor dentro de lo que ha leído, mejor no debiera escribirse nada. Pretextos sobran para evitar el sufrimiento. Yo también preferiría no hacerlo (y acaso sería lo mejor que podría hacer, dejar de escribir), pero no, nunca tuve tantos huevos, tanta voluntad para volcarme en algo completamente. Menos en abstenerme de algo. Digamos que soy un mediocre comprometido. Eso.

30. Sí, deinitivamente odio este blog. No el blog en sí, el wordpress, las barras grises y frías, el volumen falso. En blogspot por lo menos sabes que el fondo es plano, que no hay nada. No intenta engañarte como este pinche formato, como una mala ficción. No me pidan que les crea, por favor, no puedo creerles. I want to believe, pero no, estoy desencantado realmente.

39. ¿Soy yo o últimamente escribo con un exceso de adverbios y, en general, de manera completamente prescindible?

0. Harto de rumiar sobre los saldos del año pasado, el peor de mi vida, si se me permite, doy por oficialmente terminada mi etapa wordpress. Espero ser más constante y escribir como me gusta: con la intensidad del que escribe una lista del super, adrenalizado, como si escribiera su nota suicida. ¿Cómo saber que cada palabra no es la última, en todo caso? ¿Y malgastar la última palabra escribiendo ficción? Vale, la vida está sobrevalorada como tantas otras cosas: como el amor, como la poesía, como el sexo. Pero si uno está condenado a ser un fracaso, acordemos como fracasados de la sociedad del espectáculo fracasar espectacularmente. ¿Ficción? ¿Y qué las palabras existen, o ficción comparado con qué? Hablar es ficcionar. El principio de realidad es una abstracción, vacía como un número; un signo puesto en lugar de algo que no está. El mundo no existe, lo escribimos. ¿Y encima vamos a ficcionar? Al carajo. La palabra es metáfora ya de suyo, apunta hacia algo que no se parece en nada a su cualidad matérica, a una idea de la cosa, se transparenta; y a a vez llama la atención sobre sí misma: cada palabra como un ave terrible, en celo.

0a. Escribir como volar con un periódico: es imposible, pero te encantaría ver a alguien rompiéndose la cara al intentarlo.

0b. Si la vida es un error, he tenido desde un principio las cuatro patas hasta el fondo de la mierda. Y he sido profundamente feliz. He aceptado lo irreparable, ¿no es esta una forma de suicidio del mundo, de cabal ausencia?

0c. No tengo ideales, no tengo propósitos. Si puedo hacer un verso perfecto antes de morir, habrá valido la pena. Si no, igual da. Puedo escribir excelentemente, pero he preferido no hacerlo, así que no cabe culpar a nadie. O al mal lector que hay en mí, que no sabe apreciar mi evidente genialidad.

0d. De un tiempo para acá, no sé que tengo, que escribo puras obras maestras. Me cae. 

0e. Estoy harto de escribir, pero, ustedes disculpen, si no escribo, me muero. Empezaría con pequeños actos de terrorismo locales, luego terminaría abriendo una franquicia de Mc’Donalds, o qué sé yo, dios me libre, haciendo happenings.

0f. El único ejercicio necesario es leer y una forma absoluta de leer es escribir. Leo, luego soy.

0g. Casi no veo noticieros; personalmente me importa un carajo la guerra de Georgia y los encarcelados de Atenco. Nunca pienso en los niños muriendo de hambre en África. No me provocan compasión los osos polares ahogados. Todo se está yendo a la mierda, ¿y qué? Todo debía irse a la mierda algún día, ¿qué esperaban de animales a los que la evolución dotó del habla?

0h. La palabra es en escencia combativa: su expresión implica una violencia irreparable contra el silencio. Nuestra soberbia llega al grado de considerar al silencio como una ausencia. Vaya especie jodida.

0i. Para mi tengo que cuando termine la carrera, si puedo dar literatura en un colegio de señoritas, habré cumplido mis ambiciones en el mundo.

0j. No tendré nada por qué vivir cuando agote los 30 volúmenes de los ”Cahiers” de Valéry. Si logro leerlos, seré tan viejo que no tendré fuerza suficiente para suicidarme. Así que, ustedes disculpen, tengo que leer con rapidez.

0k. Quiero agregar que no publico porque no hay alguien tan enfermo como para leerme sin hacer una mueca de extrañeza, acaso de ternura. Y encima porque lo que vende, son putas novelas.

0l. Ya sé que hay números que se repiten. Demándenme.

0m. Soy uno de los mejores poetas de una generación donde el parámetro a vencer es la mediocridad. (Cfr. 0)

0n. Soy un plagiador; pero el plagio “es el arte de escoger. Es un gran arte” (Valéry).

0o. Soy esquizofrénico, pero inofensivo.

0p. Soy Javier Raya, mentiroso.

0q. Soy feliz, no tengo familia.

0r. Soy un hijo de puta y escribo como no te atreves.

0s. Soy un poeta.

0t. Soy un genio.

0u. Soy siniestro.

0v. Soy anodino.

0w. Soy el amor de tu vida.

0x. Soy lo peor que te pudo haber pasado.

0y. Si leíste hasta aquí, no puedes ser mejor que yo.

1. Soy nadie.

 

 

 

 

 

*Chismógrafo (esp. sust. reg. mex.): Divertimento escolar donde se ventilan intimidades supuestamente escandalosas entre los miembros de un grupo a través de un cuaderno donde se comparte el anonimato. Minificción. Curso hiper breve de escritura creativa.


“La comunidad que viene”, de Agamben –primeras impresiones

Julio 27, 2008

Muestra de que la filosofía del lenguaje es árida sólo si su discurso lo es, “La comunidad que viene” (Pre-textos, Madrid, 2006) abreva de las más diversas fuentes (Santo Tomás, Spinoza, Kant, Kafka, cabalística, lógica hindú, etc., etc.) para situarnos en el ahora esquivo que vienen designando con diferentes nombres (posmoderno, postindustrial, posthistórico) la misma ausencia definitiva, lo irremediable de lo humano que constituye toda felicidad a partir del abandono de toda esperanza. Con otras palabras y el mismo sentido se advierte a los que están a punto de ingresar al infierno, como leyó Dante en la sala de espera de los condenados.

(Esta es una impresión sumaria de un texto que necesita de una acción no sumaria como consecuencia. Si algo me mueve es la euforia infantil de compartir el nuevo juguete; lo cual me vuelve sumamente irresponsable al no trabajar directamente en una re-elaboración de las ideas. Lo cual en una ética del caos, no trasciende. Lo cual…)


Mano de dos palmas, 2

Julio 26, 2008

47. La manía de escribir es latencia; pero la escritura sólo puede darse en gerundio, definirse por la evidencia de su movimiento. No otra cosa es escribir que estar escribiendo. Idea cara a Valéry, el autor es una noción ficticia (un “mito obligado”, como lo llama Jean-Michel Rey en un ensayo del mismo título alrededor de la obra valeriana) dado que se define como tal, siempre a posteriori, a uno que ha escrito.

La contracara de la escritura como noción positiva no es el silencio –eso que amenaza continuamente con sacar al escritor de su función, de su estar en el mundo– sino lo no escrito que se reconoce en el tiempo ya no como latencia o incapacidad del escritor para abordarlo: imposibilidad absoluta, por innecesaria, de  transmitir un contenido que no precisa transmisión; un contenido que permanece conformando el ser del escritor, acaso como el molde convexo de donde ha salido lo que  algún momento advirtió como obra, lo inefable ejerciendo su total significado.

La Gran-Obra sería, así, el estado de disponibilidad del escritor para fijar en obras, arbitrariamente, aquello que ha requerido ser nombrado no mediante reflexión o programa, sino en el mismo movimiento escritural. No de otra manera la insoluble cuestión de forma y contenido se conducen mutuamente. Recordar que ante esto, Valéry ha dicho que un poema no se termina, se abandona.

98. Paul Valéry (Sète, 1871) pareciera ejercer la reflexión de una manera tan concisa que podría decirse que sus ensayos son compilados de epígrafes, reunión de ideas que son gérmenes, abrevaderos de lo que aún no es.

24. Una joyita encontrada en la venta de saldos del Auditorio Nacional: “Lo creativo”, del discreto beat Robert Creeley (Arlington, 1926).

Alguien sabio (no se me pregunte el nombre, Toynbee, Confucio, mi abuelita Esther…) dijo que la historia sólo se aprende y se transmite como biografía (añadamos al margen que la historia, perdón, la Historia, pareciera ser la suma de grandes biografías, o de discretas autobiografías que aportan su durmiente al tiempo); esto se verifica en la revisión de Creeley de los años en el Frisco real y ficticio alternativamente de Jack Kerouac, así como en la breve pero fructífera labor editorial realizada al lado de Allen Ginsberg en el Black Mountain College. Tuvo pues, la ¿fortuna? de ver atravesada su historia personal con el periodo acaso más vivo del arte estadounidense; de otra manera: Creeley es un satélite del arte gringo del siglo xx. Cercano a las luminarias beat de exportación, interlocutor epistolar de Pound, testigo activo de Polock y de De Kooning, deudor confeso de Williams, su escritura evidencia el caracter paralizador de términos como arte, influencia, poema, a través del ejercicio de una memoria audaz, sabia y competente, hablando desde lo evidente que escapa a los ojos, como decía Nietzsche sobre esos brillos que conforman las verdaderas obras (luego pondré algo sobre el esquivo verum que nomás no me termina de convencer de que existe –esquivo yeti filosófico).

Su trabajo poético es de una factura incontestable (wow, qué pomposo esto para un poeta no simple: sencillo), que muestra sin pudor las enseñanzas de Williams y Pound –nótese el ritmo conversacional, narrativo, empero los cortes versales que hacen más evidente la densidad, la sorpresa de la significación contenida en unas pocas palabras apiladas:

      For love—I would
      split open your head and put
      a candle in
      behind the eyes.

      Love is dead in us
      if we forget
      the virtues of an amulet
      and quick surprise. 

      Por amor—te
      abriría la cabeza y pondría
      una vela en
      medio de tus ojos.

      Amor es muerte en nosotros
      si olvidamos
      las virtudes de amuleto 
      y rápida sorpresa. 

(“For love“, de Warning, –la deficiente e improvisada traducción es mía; algunos poemas más pueden encontrarse aquí)

Egoístamente lamentar su fallecimiento en 2005, mucho más que la de gente que conozco de oídas (como mi abuelita Esther…)

26. Difícil aportar una nueva lectura sobre algo más que convenido: que Nietzsche era un moralista hijo de puta, profeta de una raza de supermanes y teórico involuntario del nazismo.

De una manera más que elegante, Peter Sloterdjik (Karlsruhe, 1947) consigue sugerir una lectura más aguda: si el profesor N. impreca contra las desviaciones de la burguesía y la pequeño-burguesía (como el crédito social conferido a la educación escolarizada y la religión organizada como base para una sociedad de esclavos que buscan “salvación” en vez de “vida espiritual”) es porque tiene una profunda (o por lo menos modesta, suficiente para llevarlo a escribir) esperanza en que tales desaciertos sólo pueden ser corregidos por la sociedad misma. Si les confronta el terrible espejo de sí mismos no será (solamente) para provocar o escandalizar, sino para propiciar una toma de conciencia sobre su actualidad, despojando al Estado (sumida en su ingenuo nacionalismo), a la Iglesia (sumisa en sus complejos de culpa), a la Academia misma (a las instituciones, vamos, que se escriben con mayúscula) de su papel intermediario entre el hombre y sus relaciones con el otro.

Si ya logró esto en las primeras páginas de su “Crítica a la razón cínica” (en hermosa pero incosteable edición de Siruela), me pregunto –no sin emoción franca– cuántas ideas anquilosadas habré de desechar en lo que sigue.

 

 *Créditos: “Warning” tomado de la Poetry Foundation.

**Foto de Sloterjdijk: tomada de http://labola.wordpress.com


Sobre “Cuarteto de cuerdas…”, un poema de Raúl Cordero

Abril 21, 2008

Definir este poema es limitarlo. Su acción es expansiva como una bomba de significados, pero su acercamiento formal es tan claro, a mi parecer, que dejar de lado su evidente intención participativa sería limitarlo igualmente. Doble disyuntiva: o nos entregamos a la imaginación para obviar la sugerencia intelectual; o lo destazamos con el pensamiento en detrimento de su belleza. Puesto así, una lectura que haga honor a “Cuarteto de cuerdas ‘Sonata en re menor’” descansa en la comunión de sus perspectivas.

El poema está disponible acá.

Bien. Asistimos a la conversación de las cosas. Cuando oímos música también la leemos a cierto nivel, que para nosotros, mortales, no es sino el de los sentidos y para los más versados, de la razón. Dos formas de goce que no se excluyen. ¿Pero qué se dicen en sí los instrumentos? ¿Se leen entre ellos, por decirlo así? ¿Podrían? Una obra musical, parece decir el español Raúl Cordero (Madrid, 1981), para los instrumentos convocados, no es sino una conversación íntima y en el caso del poema que nos atañe, un movimiento entre la alegría solar del violín y la nostalgia plutónica del chelo. Las entradas de éste último, marcadas por versos largos y contemplativos, (¿no dice Valéry que una nota del chelo, en el recinto antes bullicioso y frío, convierte el espacio en templo, en lugar propicio para lo sagrado?), que, al igual que en las apariciones de los otros concurrentes, enfatizan a través de los recursos del poeta su diferenciación instrumental en cuanto a atributos tímbricos, que se traducen en las relaciones sonoras que guardan entre ellos, apreciables en el juego formal de las coincidencias posibles entre el sonido puro, abstracto, del instrumento, y su correlato verbal en el poema. Así, el poeta no representa la realidad, la presenta (Machado, Paz).

El poeta asiste a la conversación del cuarteto de cuerdas, evidenciando el oculto parlamento que los atañe. Pero sabiamente se aleja de las reducciones y personificaciones caricaturescas. El yo del poeta no interrumpe la fiesta de los objetos: es su testigo.

Pero en este juego aparece la duda de la gratuidad del título. “Cuarteto de cuerdas” es una reducción descriptiva de lo que ocurre, aunque también sirve para dar cuenta del espacio imaginario que se pretende abordar. “Sonata en re menor” dice poco igualmente, a nivel de lectura. Sonata entendida como una pieza breve puede participar sin mayor violencia del poema, darnos entrada a lo que se presenta. Pero disponer una tonalidad a un poema es un procedimiento extraño, un juego no peligroso, sino intrascendente a nivel significativo. Lo mismo daría que estuviera en otra clave. La salvedad podría obviarse si se nos remitiera a una sonata en re menor por un cuarteto de cuerdas de algún compositor en específico (¿Scarlatti, Schubert, Beethoven?), con el riesgo de remitir la obra a referentes tan específicos que el poema constituyera más bien extensión de otra obra, que valor como tal.

Para terminar en el mismo tenor emocionado del inicio, el poema de Cordero me trae a la mente un juego de espejos metafísicos, que dan cuerda (literalmente) a las palabras de Rimbaud –no cito, aclaro, pero más o menos decía: “[el poeta] da posibilidades para que las cosas que no son, sean”.

Imagen: Web oficial de la orquesta de pulso y púa, Tudela de Duero.


Mito del cuerpo y cuento de Chuck Pahlaniuk (2×1)

Abril 9, 2008

Hablaba hace rato con A, la novia del Pinche Nico, acerca de la relación de lo gore con lo cómico en algunas películas de Tarantino. Sobre todo en lo último, que ya no sabes si es película o se está burlando de sí mismo, pero sigue siendo genial.

Pensaba que hay una conexión entre el cine de Tarantino y específicamente Fight Club (David Fincher, 1999) a nivel de discurso; como una revaloración de la cotidianidad, de la cultura popular, anteriormente negada como leimotiv estético por los grandes (por viejos) poetas. Neruda tiene un verso sobre la Coca-Cola, por ahí hay más ejemplos. Pero este es otro tema. Es tarde y sólo quería recomendarle a mis cuatro fieles lectores este cuento de Chuck Palahniuk, el autor de Fight Club, “Tripas” (Guts).

Sin más, la leyenda cuenta que en cada lectura pública de “Tripas”, alguien vomita. Yo no vomité, me reí mucho. ¿Eso me hace una mala persona? No recuerdo ninguna obra que tuviera un efecto fisiológico directo en el receptor. ¿Alguien tiene algún ejemplo? ¿Un cuadro que te hiciera mearte en plena galería? ¿Un poema con el que te explotara el páncreas?

Me pasó como lo que le decía a A sobre Tarantino, parece que la violencia en el arte y fuera de él nos ha hecho incapaces de sentir verdadera compasión, verdadera simpatía (en el sentido de participación de-) para con el sufrimiento ajeno; se diría que la violencia vista como entretenimiento o forma de arte ha roto el viejo tabú del cuerpo como unidad. El arte violenta el cuerpo y nos lo expone como inmediatez inaceptable. Tan, tan medieval. Pienso en “Para acabar con el juicio de Dios” de Artaud. Violencia del arte que nos expone al cuerpo como siempre lo hemos visto y no nos atrevíamos a confesar: como la suma de sus partes, no como una continuidad material. Es decir, hay partes del cuerpo que estamos dispuestos a tolerar, pero hay otras que negamos participación, incluso nombre. Esto da para otro post, mejor lean el cuento.

Ya no entendí, ¿viva el desmembramiento?

“Tripas” de Chuck Palahniuk en Página /12.