2. Las coincidencias dejan de serlo luego que ocurren. Son hechos irreversibles previa constatación; luego entonces, paralelismos, coyunturas, reencuentros.
3. En famosa revista jalisciense leo de Julián Herbert: “Te deseo tanto que te mataría. Pero no lo voy a hacer porque eso sería una forma de poseerte. Y no hay deseo más puro que el no correspondido”. Cito de memoria.
25. Horas después, en “Teoría del infierno” de Salvador Elizondo, rescatado apenas por módica suma de las trituradoras de saldos, (el retrato de Joyce en la portada, fragmento, casi sugerencia: España una casa maltrecha al fondo, casi una idea…, sin evidencia de los años va para 20, en bodegas), leo “¿Quién es Justine?”, sin mucho interés por principio: una contención “intelectual” me lleva a pensar en Sade como un mal narrador, un mal hacedor de personajes, un mal moralista, un terrible filósofo, un escandalizador mediocre, un pornógrafo atrapado en un santo. Pero el terrorista en mí, el morboso, se fascina no pocas veces con los grabados al agua-fuerte que ilustran sus ediciones.
80. Y para novela erótica, el Apollinaire. Bataille mismo (estos franceses, tan cerdos), de quien Elizondo extrae atinadísimas reverberaciones. No intentaré citar, acuso falta de rigor científico. ¿Y?; la idea es que el acto (púdica, mal llamadamente por advenedizos) amoroso, no es sino la suplantación de una pulsión básica pero moralmente censurable, a saber, el asesinato y la tortura (añadiríamos: el canibalismo), por una “inocua” en tanto privativa de los amantes y que, salvo en casos en que la sociología antropológica lo señale, no atañe sino a los convergentes. A los comensales, diríamos.
8. En esos términos, el amor no sería sino un sucedáneo para justificar ante la conciencia (por extensión, al inconsciente colectivo, vía USB) un trascendens hipotético, en todo caso innecesario. El placer es la causa y la consecuencia absoluta de sí mismo.
36. La existencia de la institución “el amor” valida la práctica, reprobable por placentera históricamente, del fingimiento del asesinato mediante la ocupación (o el alojamiento) del cuerpo del otro. Así, no pareciera que estamos tan locos.
36 bis. Dicen que los delfines son más inteligentes que los humanos: no requieren del amor para el sexo no-reproductivo. Parecen incluso más felices, como eternos niños límbicos, se diría.
22. Ah, pero todo esto a partir dedesestructuradades-lectura de Bataille. Se pretende “misreading” à la Bloom, si tal. De Sade opinamos que es precursor de la telenovela moderna, si acaso (¿quién es Justine? La cenicienta devenida puta, devenida actriz mediocre –K. me contó que la etimología las hermana– devenida luminaria de prensa de espectáculos). Esta fábrica de zapatillas de cristal. ¿Qué pornógrafo (príncipe azul) no busca, sinceramente, hacer del mundo un lugar mejor?


Julio 3, 2008 a las 6:53 am
a ver manotas…,
vienes el fin?
Saludos chango cilindrero