Mano de dos palmas, 3

Julio 31, 2008

85. No sé qué me ha dado en esta etapa por poner el ojo avizor sobre el proceso. Supongo que mis tres lectores estarán cabeceando (me consta de la Ed. que ya me dijo que soy ilegible). Es esta ansia narcisista de explicar el mundo como mejor uno puede. En mi caso, se da por una paranoia bien fundada en la peligrosidad de repetir formas. Ergo, si una idea tiene cierto grado de profundidad, podemos matizarla al grado de que sea la idea y su contrario: o sea una forma absolutamente autorreferencial, más pretenciosa que nada, un ejercicio al fin de no-responsabilidad.  Aunque otra manera de afrontar lo ilegible que me estoy volviendo es la idea del reto; lo que me hace volver a Lezama una y otra vez es eso, el placer de no entender un carajo. Y sí, entendimiento es forma de placer (si los filósofos no sienten un mínimo de placer por lo que hacen –sea lo que esto sea– están jodidos…), una forma de placer que prometo no analizar.

22. La paranoia fundada es cierto episodio jodido del año pasado, que me arruinó la paciencia pero que me hizo entender que alguien que escribe no tiene excusas. Tampoco tendría por qué tener miedo. Yo tuve ambos.

67. Idea 1: “Lo único propio del escritor es la forma” (Valéry)

68. Idea 2: “…despertad a la era del copyleft” (Mills)

900. La reflexión teórica supone cierta profesionalización de lo que se hace. Cierta seriedad, vaya. Que uno se preocupa por lo que hace. El problema (sí, siempre hay un problema, si no no sería tan divertido) es que parece haber, por un lado, un pensamiento latente sobre lo que se hace (lo que pienso, mi proceso personal e intransferible cuando me pongo a escribir un poema) y el otro pensamiento abstracto sobre la cosa cuando ya pasó (las 3 veces santas instituciones de teoría literaria, crítica, etc.) Sobre el primero, nada puede decirse. Sobre el segundo, se intenta. Y se fracasa irremediablemente.

695. Pero pueden olvidar el punto anterior: escribir sobre lo que se lee da trabajo a algunas personas, a fin de cuentas.

305. Una perspectiva más romántica sería ver a la teoría literaria y la crítica como libros de viajes: excursiones del lenguaje a través del lenguaje. ¿Masturbación? Seguramente. Pero es difícil crear obras maestras al por mayor.

394. La teoría es disparadora de ideas: la creación como tal parecería enmendar errores (creando nuevos) o subsanar espacios vacíos apuntados por el pensamiento abstracto. Creación: descubrimiento de nuevos errores.

958. Me gusta que los novísimos estén tomándose medio a juego esta cosa del arte. Perdida el aura benjamineana de la obra por el modo de producción blablabla en el siglo xx, lo que queda es la desesperanza en la función.


Variaciones del hacer

Julio 27, 2008

“La verdad es indivisible, por tanto no se puede reconocer a sí misma; quien la quiera reconocer debe ser mentira*” (tachado en el original) Aforismo 39a, F. Kafka

 

La definición más clara del margen, de la diferencia (arbitraria irremediablemente por humana, toda diferencia, según Baudrillard) entre filosofía y poesía la tengo de la Zambrano: filósofo es el que busca darse a sí el ser por medio de actos de voluntad; poeta es a quien el ser le es donado continuamente.

Pero el proceso dialéctico, la duda filosófica, ¿no es esperanza de donación de sentido hacia las palabras? Un sentido construido sólo a partir de la acción. Como en poesía, pues. Diferencia ilusoria realmente, entre filósofos y poetas sólo en términos de finalidades, que pueden entenderse como una larga confusión sobre el asunto de la forma: Valéry transita entre forma y fondo como mismo ente indiscernible de lo poético; para Mallarmé la dicotomía es inexistente, nombres de una misma cosa que se expone a través de sí misma solamente, deítica, es decir, explicada sólo por sí misma; luego, inexplicable.

En el análisis de Jean-Michel Rey sobre la obra de Válery se acusa al filósofo de un error que sólo puede ser de óptica: no ver (o no querer ver, ceguera voluntaria) que la forma de su discurso constituye la expresión más evidente y propia de su contenido. Que la forma es lo contenido. Según Válery, el filósofo (Nietzsche, puntualmente, pero vale como para-deigma) se pierde en rodeos y definiciones intentando asir un ideal elusivo, una meta fantasmagórica, sin notar (sin volver el eje de su actividad sobre el hacer que está teniendo lugar mientras escribe) que en el modo del buscar ocurre la expresión de lo buscado. No otra forma del buscar adoptan los llamados “deconstruccionistas” franceses, como Derrida, ilegible sólo si se espera encontrar un sentido como donación, como decurso, como esa filosofía que te lleva de la manita por ríos de palabras que definen palabras que definen…; Baudrillard mismo confiesa que su escritora da rodeos, evade métodos convencionales para fundirse por excepción con su objeto: el discurso toma la forma de lo dicho: “para decir la simulación el discurso debe volverse simulación” (o algo así, cito de memoria).

En el trasfondo de su actividad, el filósofo no ejercita otro movimiento que el de versura, dynamo por excelencia de lo poético (en oposición –discutible– de provorsa, prosa, la dirección del sentido, por lo que versus sería la pura dirección, la impronta misma de movimiento). El versus que indica dirección, y como apunta Jakobson, retorno (sé que me leen puros genios de la poesía que ya sabrán esto, pero cabe recordar que ese retorno nace para el lenguaje de la vuelta que realiza un arado en el surco, metáfora agropecuaria que no da pocos frutos), caracterización al fin de los movimientos del hacer siguiendo las huellas de lo hecho, re-comenzando continuamente, re-plegándose: acción del poetizar que es acción del pensamiento en su huella más palpable, la de ser objeto en marcha, en acción, trabajo.

A partir de Platón el poeta es visto por la filosofía como aquel que se entretiene en los aspectos exteriores de las cosas (las mentadas apariencias –aunque Heidegger retoma el término para depurar sus múltiples acepciones, quisiera retomar eso luego), negándose así la posibilidad del ser –y peligroso porque en ese malentendido fundamental les niega a los que lo escuchan la posibilidad del ser igualmente, lo que basta para su pronto exilio del país del pensamiento en “La República” en calidad nada menos que de apestados, terroristas. La precaución platónica no es excesiva: la salvación en términos cristianos aún no se ha inventado, así que el hombre debía trascenderse por sus propios medios (y baste la esquematización precedente como pura ilustración del contexto; evidentemente la preocupación de Platón es mayor, rastreable incluso hacia la venganza: uno de los acusadores de Sócrates era al parecer, poeta, no malo). Así, el filósofo se consigna a una como voluntad mesiánica: ganar el ser para sí y, en el mismo movimiento, dar la vía para que la humanidad pueda hallarlo. Pero si el poeta parece perderse en la pura apariencia elusiva de las formas, es en este mismo perderse que muestrael movimiento del buscar, no explicando el hallazgo sino re-haciendo el camino (el proceso) necesario para que el hallazgo ocurra. Es decir, el filósofo opera con las palabras para dotarlas de sentido; sentido que sobre todo en la poesía moderna, el poeta obvia, para operar a su vez en el movimiento de las palabras mismas, en su ocurrir, en la pura forma (y reestableciendo el sentido primigenio, así, para la tribu, como apuntaba Mallarmé). Si el poeta no transmite directamente un contenido es porque intuye lo que el filósofo ignora: que la verdad como ente es intransmisible. La verdad se contempla sólo por refracción (como el cielo azul intocable, y en ese sentido, aparente) en la “cosidad” (Heidegger), es decir, en el propio evidenciarse (que en el sentido que Heidegger le da a la “apariencia”, sería el de aparecer-ante, el de exponerse) de las cosas. El poeta, entonces, al señalar las “apariencias” está señalando vías posiblesde acceso al verum, a la verdad, sin pretender dotar a la verdad de una forma reconocible: transmisible acaso por familiar o por eficacia explicativa. El hacer del poeta será así indiscernible de una ética: no puede transmitir lo intransmisible, y ante esta imposibilidad (feliz fracaso) su hacer consistirá en mostrar la experiencia de la verdad, en re-producir los efectos de la verdad a través de la forma en que aparecen en su hacer. El fracaso del filósofo será pretender pensar la cosa en su ser-sí-mismo (fracaso divertido, si cabe, pero igual fracaso que, aunado al del poeta, niega el triunfo romántico de la palabra sobre las cosas).

Lezama llega a este mismo choro al afirmar que sólo lo difícil es estimulante. Si uno busca “la verdad” en Dador o Paradiso probablemente acabe cometiendo seppuku intelectual. Si se acusa dificultad en Lezama (y en general, creo, este es un reproche recurrente sobre la “institución” Poesía) es porque no está dispuesto a entregar los dones que ha ido acumulando sin que el que los busca, los merezca. El merecimiento es efecto de la búsqueda, lo que no implica que por el sólo buscar uno acabe mereciendo, encontrando. Pero el hallazgo justifica todo esfuerzo (y tal es en verdad lo inefable del asombro en poesía). Lo mismo vale para el Cementerio marino de Valéry. Pero el genio de Lezama estribó en mostrar el aspecto “experiencial” que se apuntó anteriormente: al emprender la escritura de un proyecto poético total, a saber, decir el mundo, no hace otra cosa que proponer la verdad como experiencia suceptible de descubrirse sólo a fuerza de andar el camino propuesto, el de la dificultad; experiencia de posibilidad válida en el proceso de acción y recepción poética, versus. Esta dialéctica del dar y recibir es especialmente cara a Valéry (Rey): el poema no es sino los efectos que logra, y que lo conforman. Valéry mismo en “Poesía y pensamiento abstracto” desmantela la escisión histórica entre lirismo y lógica proponiéndolas como un mismo movimiento complementario (si bien, diferente en su aspecto modal) para decir lo real, en tanto que tomemos este decir como la pretensión última de filósofos y poetas; sus respectivos trabajos no serían sino búsqueda de medios para explicarse esto, lo real.  Lapida, así, Valéry, esta necesidad de expresar el objeto en sus propios términos, de los filósofos: “Quería mostrar[les, a los filósofos] que les sería infinitamente provechoso practicar esta laboriosa poesía que conduce insensiblemente a estudiar las combinaciones de palabras, no tanto por la conformidad de los significados de esas agrupaciones con una idea o pensamiento que uno se considera en la necesidad de expresar, sino, por el contrario, por sus efectos una vez formados, entre los que uno escoge” (de Jean-Michel Rey, Paul Valéry, la aventura de una obra, Siglo XXI, p. 109, a su vez tomado de Ouvres I, p. 1451)

Elección que es elaboración, filósofo y poeta (esos entes abstractos que encarnan en la gente menos confiable del mundo, en especial los últimos –en eso damos razón a Platón) abrevan del mismo poiesis en su acción positiva, en su hacer que es generar a partir de nada. El poeta, sumariamente, haría que algo fuera; mientras el filósofo buscaría explicarse el ser del algo. Filosofía y poesía se confiesan proceso: formas siempre parciales, fugaces, gerundias, del hacer.

* Imagen: Paul Valéry en w3.papelenblanco.com


A posteriori

Julio 27, 2008

Mmm… eso de despertar siendo río, sí, ¿enuresis?, ¿regresión inconsciente a la infancia?; bueno, es una lectura posible en todo caso. Sí.


“La comunidad que viene”, de Agamben –primeras impresiones

Julio 27, 2008

Muestra de que la filosofía del lenguaje es árida sólo si su discurso lo es, “La comunidad que viene” (Pre-textos, Madrid, 2006) abreva de las más diversas fuentes (Santo Tomás, Spinoza, Kant, Kafka, cabalística, lógica hindú, etc., etc.) para situarnos en el ahora esquivo que vienen designando con diferentes nombres (posmoderno, postindustrial, posthistórico) la misma ausencia definitiva, lo irremediable de lo humano que constituye toda felicidad a partir del abandono de toda esperanza. Con otras palabras y el mismo sentido se advierte a los que están a punto de ingresar al infierno, como leyó Dante en la sala de espera de los condenados.

(Esta es una impresión sumaria de un texto que necesita de una acción no sumaria como consecuencia. Si algo me mueve es la euforia infantil de compartir el nuevo juguete; lo cual me vuelve sumamente irresponsable al no trabajar directamente en una re-elaboración de las ideas. Lo cual en una ética del caos, no trasciende. Lo cual…)


Mano de dos palmas, 2

Julio 26, 2008

47. La manía de escribir es latencia; pero la escritura sólo puede darse en gerundio, definirse por la evidencia de su movimiento. No otra cosa es escribir que estar escribiendo. Idea cara a Valéry, el autor es una noción ficticia (un “mito obligado”, como lo llama Jean-Michel Rey en un ensayo del mismo título alrededor de la obra valeriana) dado que se define como tal, siempre a posteriori, a uno que ha escrito.

La contracara de la escritura como noción positiva no es el silencio –eso que amenaza continuamente con sacar al escritor de su función, de su estar en el mundo– sino lo no escrito que se reconoce en el tiempo ya no como latencia o incapacidad del escritor para abordarlo: imposibilidad absoluta, por innecesaria, de  transmitir un contenido que no precisa transmisión; un contenido que permanece conformando el ser del escritor, acaso como el molde convexo de donde ha salido lo que  algún momento advirtió como obra, lo inefable ejerciendo su total significado.

La Gran-Obra sería, así, el estado de disponibilidad del escritor para fijar en obras, arbitrariamente, aquello que ha requerido ser nombrado no mediante reflexión o programa, sino en el mismo movimiento escritural. No de otra manera la insoluble cuestión de forma y contenido se conducen mutuamente. Recordar que ante esto, Valéry ha dicho que un poema no se termina, se abandona.

98. Paul Valéry (Sète, 1871) pareciera ejercer la reflexión de una manera tan concisa que podría decirse que sus ensayos son compilados de epígrafes, reunión de ideas que son gérmenes, abrevaderos de lo que aún no es.

24. Una joyita encontrada en la venta de saldos del Auditorio Nacional: “Lo creativo”, del discreto beat Robert Creeley (Arlington, 1926).

Alguien sabio (no se me pregunte el nombre, Toynbee, Confucio, mi abuelita Esther…) dijo que la historia sólo se aprende y se transmite como biografía (añadamos al margen que la historia, perdón, la Historia, pareciera ser la suma de grandes biografías, o de discretas autobiografías que aportan su durmiente al tiempo); esto se verifica en la revisión de Creeley de los años en el Frisco real y ficticio alternativamente de Jack Kerouac, así como en la breve pero fructífera labor editorial realizada al lado de Allen Ginsberg en el Black Mountain College. Tuvo pues, la ¿fortuna? de ver atravesada su historia personal con el periodo acaso más vivo del arte estadounidense; de otra manera: Creeley es un satélite del arte gringo del siglo xx. Cercano a las luminarias beat de exportación, interlocutor epistolar de Pound, testigo activo de Polock y de De Kooning, deudor confeso de Williams, su escritura evidencia el caracter paralizador de términos como arte, influencia, poema, a través del ejercicio de una memoria audaz, sabia y competente, hablando desde lo evidente que escapa a los ojos, como decía Nietzsche sobre esos brillos que conforman las verdaderas obras (luego pondré algo sobre el esquivo verum que nomás no me termina de convencer de que existe –esquivo yeti filosófico).

Su trabajo poético es de una factura incontestable (wow, qué pomposo esto para un poeta no simple: sencillo), que muestra sin pudor las enseñanzas de Williams y Pound –nótese el ritmo conversacional, narrativo, empero los cortes versales que hacen más evidente la densidad, la sorpresa de la significación contenida en unas pocas palabras apiladas:

      For love—I would
      split open your head and put
      a candle in
      behind the eyes.

      Love is dead in us
      if we forget
      the virtues of an amulet
      and quick surprise. 

      Por amor—te
      abriría la cabeza y pondría
      una vela en
      medio de tus ojos.

      Amor es muerte en nosotros
      si olvidamos
      las virtudes de amuleto 
      y rápida sorpresa. 

(“For love“, de Warning, –la deficiente e improvisada traducción es mía; algunos poemas más pueden encontrarse aquí)

Egoístamente lamentar su fallecimiento en 2005, mucho más que la de gente que conozco de oídas (como mi abuelita Esther…)

26. Difícil aportar una nueva lectura sobre algo más que convenido: que Nietzsche era un moralista hijo de puta, profeta de una raza de supermanes y teórico involuntario del nazismo.

De una manera más que elegante, Peter Sloterdjik (Karlsruhe, 1947) consigue sugerir una lectura más aguda: si el profesor N. impreca contra las desviaciones de la burguesía y la pequeño-burguesía (como el crédito social conferido a la educación escolarizada y la religión organizada como base para una sociedad de esclavos que buscan “salvación” en vez de “vida espiritual”) es porque tiene una profunda (o por lo menos modesta, suficiente para llevarlo a escribir) esperanza en que tales desaciertos sólo pueden ser corregidos por la sociedad misma. Si les confronta el terrible espejo de sí mismos no será (solamente) para provocar o escandalizar, sino para propiciar una toma de conciencia sobre su actualidad, despojando al Estado (sumida en su ingenuo nacionalismo), a la Iglesia (sumisa en sus complejos de culpa), a la Academia misma (a las instituciones, vamos, que se escriben con mayúscula) de su papel intermediario entre el hombre y sus relaciones con el otro.

Si ya logró esto en las primeras páginas de su “Crítica a la razón cínica” (en hermosa pero incosteable edición de Siruela), me pregunto –no sin emoción franca– cuántas ideas anquilosadas habré de desechar en lo que sigue.

 

 *Créditos: “Warning” tomado de la Poetry Foundation.

**Foto de Sloterjdijk: tomada de http://labola.wordpress.com


De varia luz sobre las cosas (fragmentos)

Julio 6, 2008

 

Inicio de lucidez, despertar siendo río a media mañana. Paso breve por la tierra, sutil tocadura de guijarros la orilla o latido de cristales que se da. Una estatura me está pronunciando. Hueste del frío, en tu oreja se desanuda un pájaro extranjero.

 

*

 

a E.

 

Grito de santa, vuelca la copa en donde va pisando la estación,

y contrahecho,

contrabajo y a veces viento desentumecido por los labios que desanudan el saxofón en su hoguera, ritmo el beso en igual compostura. No da parámetro esta urgencia si a lo que viene es a infundir vida como dios: soplando vida. Cetrino el girasol abierto de los ojos cuando el beso, beso de bestia cuando mujer es el instrumento.

 

*

 

¿Qué te contengo donde nada me naces?, ¿sigilo me anudas? ¿Piedra en desgarramiento de soles, impertinente de flamas por estar?

Como origen, me nutres.

 

*

 

Lo más sereno, manchón inconfundible de realidad con trigo. Intuición de manos lo que permea, humanizada mano, el instante cuando el seno.

 

*

 

Tibieza, canción de humo en gasa del lugar. Algodones desgarrados del amor, ira suman. Ira cuando el olfato es un cuerpo sin herramientas, estimación que se define. Pertinente, abandona toda esperanza.

 

*

 

Enclave de sombras

ojo y ojo abiertos en la ternura.

Aleteo hay: costumbre deleznable reconocer lo que vuela ojo adentro, como si lo hiciera más de ti y una jaula de luz se precisara sobre los objetos; te dan espalda por monte de bruma y todo lo que hay visible es mujer estableciendo hogueras sobre el cuerpo de la tormenta para hacerse clara como la noche.

Aletheia, trizadura de relámpago.

 

*

 

De espuma coloquial corre. El pequeño francotirador arroja piedras sobre el río derramado (grandes, la mayoría) y esquirlas de mirada en franca provocación a la flota de cartaginenses.

 

*

 

Tregua de vidrios*, la lluvia expande su tambor sobre la noche. Hora de perros para la hora, muestra signos de rompimiento el jarrón: rayo que anuncia el inminente derrumbe de la noche sobre el agua.

Turbulencia de zinc bajo el techo donde  toca  a su mujer: vahido anuncia que se quiebra como aguas a punto del amor.

 

*Matsuo Bashoo

 

*

 

Remontarse a la sombra de un griego que me dice: troyano. Ciego e inexacto, arma tumores de vendaval sobre las broncas naves de los aqueos. Aires marinos enlaza en navegantes, blondas grebas: apeada lanza y ojo flamígero, no mire el Khan de manera ofensiva sobre el Pélida, a cuyo paso tiembla el dios.

No canta el ciego la honda palidez de los rostros en el día del derrumbe.

Ilión ahí,

nosotros bajo la armadura del error, temblando.

 

*

 

Río de pie en el fondo del poema, se sostiene y río evitando márgenes, generalmente río. Reliquia o cabalgadura, un coro de vidrios persiguiendo su sombra. No renuncia, rompe la vasija de la edad donde riega un sol de filos pardos su lengua de luz que le subyace oros; te lo contaron, funda la amistad del ritmo.

 

*

 

Aliento del día, gris, convengamos en gris, a esta hora de nieblas por lo menos, luz de abrir los ojos bajo el agua cuando el cloro se precipita en el ardor; luz, convengamos, de seis a.m. hora de aquí, anclando la mordedura de su alcance sobre ciudad que se estira como hembra violentada.

 

*

 

a K.

 

Antes miró tiempos para su corona. Pintó la corredera del amor entre disciplinas: se halló hermosa. Se miró nuevamente bajo el sol irrecordable en Cuernavaca de sus años, bajo el cuchillo de la tarde que hizo arder los parlamentos de su fantasma.

La fusilada que ardió por lengua para no renegar.

Culpable, se va sabiendo. Se trata de mujer. Por despojo mortal una hermosa con sus identificaciones, toda ella cadáver hasta la médula muerta del corazón que no acaba de desaprender su ritmo.


Mano de dos palmas

Julio 2, 2008

2. Las coincidencias dejan de serlo luego que ocurren. Son hechos irreversibles previa constatación; luego entonces, paralelismos, coyunturas, reencuentros.

3. En famosa revista jalisciense leo de Julián Herbert: “Te deseo tanto que te mataría. Pero no lo voy a hacer porque eso sería una forma de poseerte. Y no hay deseo más puro que el no correspondido”. Cito de memoria.

25. Horas después, en “Teoría del infierno” de Salvador Elizondo, rescatado apenas por módica suma de las trituradoras de saldos, (el retrato de Joyce en la portada, fragmento, casi sugerencia: España una casa maltrecha al fondo, casi una idea…, sin evidencia de los años va para 20, en bodegas), leo “¿Quién es Justine?”, sin mucho interés por principio: una contención “intelectual” me lleva a pensar en Sade como un mal narrador, un mal hacedor de personajes, un mal moralista, un terrible filósofo, un escandalizador mediocre, un pornógrafo atrapado en un santo. Pero el terrorista en mí, el morboso, se fascina no pocas veces con los grabados al agua-fuerte que ilustran sus ediciones.

80. Y para novela erótica, el Apollinaire. Bataille mismo (estos franceses, tan cerdos), de quien Elizondo extrae atinadísimas reverberaciones. No intentaré citar, acuso falta de rigor científico. ¿Y?; la idea es que el acto (púdica, mal llamadamente por advenedizos) amoroso, no es sino la suplantación de una pulsión básica pero moralmente censurable, a saber, el asesinato y la tortura (añadiríamos: el canibalismo), por una “inocua” en tanto privativa de los amantes y que, salvo en casos en que la sociología antropológica lo señale, no atañe sino a los convergentes. A los comensales, diríamos.

8. En esos términos, el amor no sería sino un sucedáneo para justificar ante la conciencia (por extensión, al inconsciente colectivo, vía USB) un trascendens hipotético, en todo caso innecesario. El placer es la causa y la consecuencia absoluta de sí mismo.

36. La existencia de la institución “el amor” valida la práctica, reprobable por placentera históricamente, del fingimiento del asesinato mediante la ocupación (o el alojamiento) del cuerpo del otro. Así, no pareciera que estamos tan locos.

36 bis. Dicen que los delfines son más inteligentes que los humanos: no requieren del amor para el sexo no-reproductivo. Parecen incluso más felices, como eternos niños límbicos, se diría.

22. Ah, pero todo esto a partir dedesestructuradades-lectura de Bataille. Se pretende “misreading” à la Bloom, si tal. De Sade opinamos que es precursor de la telenovela moderna, si acaso (¿quién es Justine? La cenicienta devenida puta, devenida actriz mediocre –K. me contó que la etimología las hermana– devenida luminaria de prensa de espectáculos). Esta fábrica de zapatillas de cristal. ¿Qué pornógrafo (príncipe azul) no busca, sinceramente, hacer del mundo un lugar mejor?

 

 

 


Actualización

Julio 2, 2008

El marcador sigue igual. El cubo es invencible. Pero hay algo de iluminación en la derrota aparente. Debe haberla. Mi orgullo se hizo el harakiri a 1/3 del final; algunas peleas en verdad son a muerte…

El marcador sigue igual…

… etcétera.