Definir este poema es limitarlo. Su acción es expansiva como una bomba de significados, pero su acercamiento formal es tan claro, a mi parecer, que dejar de lado su evidente intención participativa sería limitarlo igualmente. Doble disyuntiva: o nos entregamos a la imaginación para obviar la sugerencia intelectual; o lo destazamos con el pensamiento en detrimento de su belleza. Puesto así, una lectura que haga honor a “Cuarteto de cuerdas ‘Sonata en re menor’” descansa en la comunión de sus perspectivas.
El poema está disponible acá.
Bien. Asistimos a la conversación de las cosas. Cuando oímos música también la leemos a cierto nivel, que para nosotros, mortales, no es sino el de los sentidos y para los más versados, de la razón. Dos formas de goce que no se excluyen. ¿Pero qué se dicen en sí los instrumentos? ¿Se leen entre ellos, por decirlo así? ¿Podrían? Una obra musical, parece decir el español Raúl Cordero (Madrid, 1981), para los instrumentos convocados, no es sino una conversación íntima y en el caso del poema que nos atañe, un movimiento entre la alegría solar del violín y la nostalgia plutónica del chelo. Las entradas de éste último, marcadas por versos largos y contemplativos, (¿no dice Valéry que una nota del chelo, en el recinto antes bullicioso y frío, convierte el espacio en templo, en lugar propicio para lo sagrado?), que, al igual que en las apariciones de los otros concurrentes, enfatizan a través de los recursos del poeta su diferenciación instrumental en cuanto a atributos tímbricos, que se traducen en las relaciones sonoras que guardan entre ellos, apreciables en el juego formal de las coincidencias posibles entre el sonido puro, abstracto, del instrumento, y su correlato verbal en el poema. Así, el poeta no representa la realidad, la presenta (Machado, Paz).
El poeta asiste a la conversación del cuarteto de cuerdas, evidenciando el oculto parlamento que los atañe. Pero sabiamente se aleja de las reducciones y personificaciones caricaturescas. El yo del poeta no interrumpe la fiesta de los objetos: es su testigo.
Pero en este juego aparece la duda de la gratuidad del título. “Cuarteto de cuerdas” es una reducción descriptiva de lo que ocurre, aunque también sirve para dar cuenta del espacio imaginario que se pretende abordar. “Sonata en re menor” dice poco igualmente, a nivel de lectura. Sonata entendida como una pieza breve puede participar sin mayor violencia del poema, darnos entrada a lo que se presenta. Pero disponer una tonalidad a un poema es un procedimiento extraño, un juego no peligroso, sino intrascendente a nivel significativo. Lo mismo daría que estuviera en otra clave. La salvedad podría obviarse si se nos remitiera a una sonata en re menor por un cuarteto de cuerdas de algún compositor en específico (¿Scarlatti, Schubert, Beethoven?), con el riesgo de remitir la obra a referentes tan específicos que el poema constituyera más bien extensión de otra obra, que valor como tal.
Para terminar en el mismo tenor emocionado del inicio, el poema de Cordero me trae a la mente un juego de espejos metafísicos, que dan cuerda (literalmente) a las palabras de Rimbaud –no cito, aclaro, pero más o menos decía: “[el poeta] da posibilidades para que las cosas que no son, sean”.
Imagen: Web oficial de la orquesta de pulso y púa, Tudela de Duero.



Abril 21, 2008 a las 7:47 am
Gracias por dedicarle un espacio e mi poema en tu blog. Si te parece, voy a poner un link desde mi blog hasta el tuyo, para que la gente que entre en mi blog conozca tu espacio.
Un saludo
Marzo 18, 2009 a las 11:49 am
,kjnjhuihui
Marzo 18, 2009 a las 11:50 am
qe mierda ez eztaa? no me jodaaz pavooo.