Las fiestas son todavía islas de esperanza para la especie. Ahí está lo humano, no se le busque más. Después de los siete cartones de frías para el Pinche Nico, la gente que veías de repente se vuelve tu amigo, tu hermano desconocido (a huevo había que sacar a relucir el alcoholismo que nos da renombre internacional, pero bueno). A mi parecer no hay hipocresía en que pase esto. El alcohol lo vuelve a uno más sociable, o como quería Groucho Marx, hace a los demás interesantes… Como sea, para mi con tanta ínfula de escritor frustrado, los cuates son zapatos de cemento para la reconciliación con el mundo, la amistad como método para reconocerse en el reflejo del otro (¿Lacan?). Pero uno quiere hacer una breve nota sobre la amistad y acaba echando verborrea sobre el manido asunto de la otredad. Chale.
Si el infierno son los otros como quiere Sartre, también los otros te salvan de la chaqueta mental (de la angustia, vamos), te vuelven al aprecio y uno comparte, termina compartiendo lo que sea, las bachitas, la última chela caliente… a fin de cuentas de eso se trata. La cuestión generacional ya es otra muy cosa; agradezco que la mayoría de mis amigos se estén quedando calvos (evidencia de alguna sabiduría, alguna) y que las amigas resbalen hermosamente hacia el misterio de los veintimás sin fruición. Ya me puse meloso otra vez. Chale.


Abril 28, 2008 a las 12:39 am
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Que rica descripcion de una fiesta…
ummm me acabo de dar cuenta que tiene mucho que no voy a una, o mas bien que no disfruto una de esa manera.
¡Ashhhhh! Hare una en mi casa por eso…
u_____________________U
¡ja!
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Abril 30, 2008 a las 7:53 pm
yo voy!!!!!
para mi próxima fiesta te invito…