A la muerte de una ratona

Mi ratona Parménides acaba de morir. Nunca se había muerto una mascota mía, siempre se “perdían misteriosamente”, esas cosas que les dicen los adultos a los niños para que eviten hacer preguntas sobre la muerte. Dice Montaigne que no hay hombre tan viejo que no crea tener otros 20 años en el cuerpo. Parménides superó el promedio de vida de ratones árabes, pero de todas formas le llegó la hora suprema, y la extrañaré. Espero que haya sido feliz. Sniff.

2 comentarios para “A la muerte de una ratona”

  1. kovl Dice:

    chales… ni pex…, no tuve el gusto…, pero una che mascota si duele…

  2. Arrazola Dice:

    Uhh… ya sabes que los ratones y yo, no llevamos buenas relaciones… diría que no es su culpa… pero esa cola alargada y esa manera de contraer los bigotes mientras escudriñan como queriendo encontrar sobre la tierra un nuevo continente, con toda honestidad, me provoca repulsión.

    Igual… pues, mis condolencias. (Seguro ya está en el cielo de los ratones [esa nunca fallaba ¿no?]- Hay como 10,000 cielos, uno para cada raza- El cielo de los ratones, tiene nubes iridiscentes y nubes de queso, dicen… que el cuando el sol sale desde el gruyere, se dan unos atracones de queso fundido que ni te cuento… eso dicen, ve tú a saber… tendremos que quedarnos con la duda, nuestro cielo dista de concentrar tales cantidades de derivados lácteos)

    Bue… ya, en serio… de verdad lo siento Raya, espero que la tristeza pase pronto.

    Cariños.

    La Arrazolansky.

    (* no quiero resultar odiosa, -más- pero escribiste supre”s”ma)

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